Mal de amores le decimos cuando estamos curados y somos capaces de tratar de explicarnos que fue lo que paso…
De lágrimas, pendejos, dolor, sexo, corazones rotos, historias tristes y vergonzosas noches de ebriedad está llena mi historia amorosa.
Mi primera vez fue a los 18 años, me rompieron en corazón de tal manera que pensé que jamás iba a ser capaz de amar de nuevo, abrir las piernas o siquiera platicar con otro hombre; pendejadas, con el tiempo comprendes que eso de morir de amor es una de las más grandes pendejadas del mundo, nadie se muere de amor, aunque quisieras no puedes, ni para eso dan los males de amor.
Después de esa primera vez fue muy fácil las siguientes veces, el amor y su ritual de enamoramiento y apareamiento se convierte en una adicción: parece que nos volvemos adictos a que nos rompan la madre, nos utilicen, nos cojan por coger, nos quiten los calzones, la cartera, la inocencia, las ganas, nos desprecien, nos tengan esperando una estúpida llamada un mail, un mensaje o cualquier tipo de señal de aprecio o de atención.
Las cosas con la edad parecen empeorar, la vejez solo nos hace mas crédulos, me enamore varias veces, algunas fue plenamente correspondida, me amaron, ame; me mandaron a la chingada, los mande, pase muchísimas horas planeando mi futuro con ellos, llorando por ellos, soñando con besos compartidos, extrañando recuerdos que nunca se realizaron, fueron súper mierdas conmigo… yo nunca fue una princesa, ni una dama en cuestiones amatorias, ame salvajemente y me enamore péndejamente, eso podría ser un resumen perfecto de mis primeras veces.
Ahora que volteo la mirada y con la calentura enfriada y el amor extinto me rio de tanta lagrima tirada y tantas horas desperdiciadas a lo pendejo, no podría decir que eso no fue amor, lo fue, de alguna enferma manera el corazón no se cansa de amar y vuelve a respirar cuando un imbécil se cruza en nuestro camino y vomita estupideces…
Algunos me dolieron muchísimo, algunos hicieron que quisiera meterme de puta no de las que cojen mucho, de las que cobran: a lo mejor ellas ejercitan tanto la vagina que apendejan en corazón y no confunde la magnesia con la gimnasia…
Pase muchos años entre la putería, el enamoramiento y el desdén, a veces no me importaba amar y ser amada mientras estuviera bien cogida y alimentada… a veces me despertaba con ganas de amor y lloraba y me arrastraba ante los pies de el primer pendejo que prometiera amarme previa entrega de mi cuerpo y de mi alma y demás pertenencias de valor que tuviera.
Antes de estacionar mi corazón y jurar amor eterno ante el altar sufrí mi último mal de amores que no fue más que una fractura irreparable que me dejo parapléjica, impotente y muda de amor… el último que TU decides te rompe la madre y el corazón es el que determina tu vida amorosa de por vida, aunque por lo regular el pendejo en cuestión ni se entera ni se enterara de lo importante que ha sido y será en tu vida… en este caso el dicho “santo que no es visto no es adorado” no aplica, yo no puedo dejar de amar a el último individuo que ame con el alma porque se robo mi inocencia y mi último trozo de paciencia ante el desamor… recuerdo mis ojos con lagrimas diciéndole: “por favor, ámame, no me dejes” pero le valió madres y dejo de amarme, agarro sus cosas, su corazón, su pene y mi dignidad y se largo con mis ganas de volverme a enamorar por delante.
No lo odio, Andrea Battini es el último recuerdo que tengo de mi inocencia y de las ganas de amar y ser amada y revolcarme en la arena y en las playas riéndome como loca hasta que me duela la panza y después de eso solo quiera hacer el amor hasta que las piernas se me entuman y los pies se me acalambren, después de Andrea clausure mis piernas, mi mente, mi alma, mi corazón y mis ganas y aprendí a controlar los deseos y los instintos primitivos de amar y ser amada y aprendí a pensar con la cabeza y jamás me volví a enamorar igual.
Extraño mucho esa sensación, aun extraño sus manos que me tocaron y sus besos que me engañaron, extraño la cama en la que hicimos el amor y la sensación de dolor interno que no te deja ni pensar, ni sentir o soñar…
El mal de amores es un estado, una forma de vida, es una enfermedad muy efímera que dura lo que uno quiera, lo que le permitas que dure, el recuerdo ese maldito recuerdo es el que perdura y sé que cuando yo este vieja, muriéndome de muerte en mi cama sabré que el amor de mi vida nunca lo fue



